¿El Comienzo del Fin del Mundo?

14,023
twitter twitter EmailCopiar Enlace
¿El Comienzo del Fin del Mundo?
Febrero 01 de 2014 - Héctor Ocampo. Travel Blogger

En lo primero que muchos colombianos piensan cuando se habla del Putumayo es en violencia, algo que nada tiene que ver con la realidad de Mocoa, una ciudad bastante tranquila y que cuenta con un gran potencial para el turismo de naturaleza y aventura.

Inicié mi viaje desde Medellín el viernes 24 de enero vía Satena rumbo a Bogotá donde me reuniría con Annie Burbano y Jorge Bonilla, dos blogueros que al igual que nosotros buscan mostrar al mundo, lo bello que es Colombia.

Para llegar a Mocoa tomamos un bus de Cootransmayo que salió del Terminal de Transportes de Bogotá sobre las 7:30 pm y arribó a nuestro destino a eso de las 9:00 am, tras pasar por Neiva y Pitalito. El valor del pasaje fue de $55.000 (USD 28).

De allí nos dirigimos a la Posada Turística Dantayaco, sencilla y económica, pero con todo lo necesario para servir como centro de operaciones de nuestras arduas jornadas de caminar por el piedemonte amazónico. Descargamos nuestro equipaje, desayunamos e iniciamos nuestro recorrido por un maravilloso destino natural, no sin antes conocer a Gabriel y a David, nuestros guías durante la expedición.

Día 1 – Conociendo la fauna de la región

Parque PawayCon energía recargada iniciamos nuestra primera excursión. Algo así como 1,5 kilómetros hasta llegar a Paway, Centro Ecoturístico Amazónico, donde se busca preservar diferentes especies de mariposas. También sirve como refugio de animales, en especial Monos Churucos, Monos Ardilla y Guacamayas que han sido incautados por las autoridades, tras haber sido extraídos de su hábitat natural.

Pero son Chonto y Chonta, los churucos, los que se roban el show en Paway. Son muy ágiles y amistosos con quienes visitan el parque. Por lo general se acercan a una figura mayor perteneciente a su mismo género. En este caso Chonto se mostró bastante amigable con Jorge, David y conmigo, mientras que Chonta hizo lo propio con Annie. Allí nos divertimos un rato y tomamos fotos, antes de dirigirnos al Mariposario.

Jorge Bonilla y ChontoEste lugar es sin dudas un sitio mágico. Aquí se realiza un seguimiento minucioso a cada mariposa, a cada especie, a cada huevo, y se logra incrementar el porcentaje de nacimientos de un 2% a un 90%. Con alas de las mariposas que mueren, se fabrican aretes para vender como suvenires y generar ingresos para el sostenimiento del parque.

Paway cuenta además con uno de los alojamientos más apetecidos por los turistas: La Casa del Árbol. Se trata de una habitación con capacidad para dos personas incrustada en una Ceiba de 40 metros de altura. Para subir a ella se requiere ascender descalzos 100 escalones y su precio por pareja es de $50.000 (USD 25) la noche. También hay cabañas para grupos.

Casa en el Árbol de PawayAntes de salir del parque también conocimos un par de Monos Araña del Chocó incautados por la policía ambiental, pero que no fueron llevados a su hábitat y que hoy buscan manos y bolsillos amigos que los ayuden a retornar a su región de origen. Se requieren un piloto y un parque en el Chocó, que puedan brindar su apoyo.

Ya fuera de Paway pudimos apreciar un gran número de turistas locales que según nos contaban los guías, cada fin de semana se reúnen para bañarse en el Río Pepino. Los más osados saltan desde el puente a casi 10 metros de altura.

Dantas en MocoaTomamos camino entonces hacia el Centro Experimental Amazónico - CEA, de Corpoamazonía, donde se protegen especies nativas de flora y fauna de la región. También es refugio de animales como tigrillos que intentan retornar a su vida salvaje. Allí el recorrido tarda cerca de una hora por diferentes senderos donde además es posible apreciar dantas, zainos, cachamas, anacondas, pirarucus y borugas.

Sobre las 5 de la tarde regresamos a la posada, para cenar y descansar un poco, pues ya se sentía la acumulación de 14 horas de viaje y 6 de caminata.

Día 2 – Hornoyaco y Canalendre

Puente Rio MocoaEn principio nuestro objetivo era visitar Fin del Mundo, pero las fuertes lluvias nos impidieron hacerlo ya que las crecientes hacen el camino muy peligroso. Casi 4 kilómetros nos separaban del camino hacia Hornoyaco, la primera parada. El camino es difícil, pues además de ser un continuo ascenso, la humedad del terreno y el paso constante de caballos halando madera, lo hacen muy resbaloso. También hay que cruzar dos puentes elevados de madera, uno de ellos sobre el Río Mocoa.

Hornoyaco MocoaLuego de un par de caídas entre el fango, ninguna grave por suerte, llegamos a la cima de Hornoyaco, desde donde se puede apreciar un pequeño pozo a unos 50 metros abajo. Tras descender unos cinco minutos por un estrecho camino, llegamos a un lugar simplemente hermoso, de aguas bastante frías y que golpean como pequeñas piedras afiladas en la espalda.

Tomamos un descanso por cerca de 30 minutos, nos bañamos en el pozo, sacamos algunas fotografías y comimos panela para recargar energía. Luego saldríamos hacia los Pozos de Canalendre, retornando por donde habíamos llegado.

Serpiente equisAl encontrar el primer puente colgante nos desviamos a la derecha para iniciar nuestro descenso a los pozos, pero minutos después nos encontramos justo en el paso con una para nada agradable compañía: una serpiente equis cuyo veneno es mortal y a la cual los habitantes de la región le tienen bastante respeto.

Con algo de temor viendo que esta no se inmutaba con nuestra presencia y tras la advertencia de Gabriel sobre que “Serpiente que no se mueva del camino cuando hay un enemigo cerca, es porque es mortal”, decidimos tomar unas fotos del pozo a la distancia y regresar por donde habíamos llegado.

En la entrada tomamos un vehículo que nos llevó a la posada para almorzar sobre las 4 de la tarde, con otras 6 horas de camino a cuestas. La comida en la Posada Dantayaco es casera, pero muy rica.

Parque de MocoaAprovechamos que estaba temprano y tomamos una camioneta de servicio público rumbo al parque de Mocoa. El valor del pasaje es de $1.000 (USD 0,5). Allí nos pudimos conectar a internet desde nuestros teléfonos y llamar de paso a nuestras casas, tras casi dos días de incomunicación. También tomamos algunas fotos del parque desde los balcones del concejo, a donde amablemente las autoridades nos permitieron el acceso.

Comiendo en AlhumoA la hora de la comida nos invitaron a conocer Alhumo, un muy buen restaurante en el que se pueden encontrar pescados y carnes, casi siempre acompañados de tacacho, una bola masa de plátano rellena de chicharrón. En esencia es similar a las marranitas de Cali, pero aquí no son fritas, sino cocidas. Los platos varían entre los $12.000 (USD 6) y los $20.000 (USD 10).

Allí debimos permanecer casi hasta las 10 de la noche, pues a pesar de estar en “verano” los aguaceros son repentinos y fuertes. Muy normal en la Amazonía.

Día 3 – Ojo de Dios y Fin del Mundo

Listos para salir, nos encontramos con un grupo de 7 alemanes de avanzadas edades que venían a descubrir el realismo mágico de Colombia, tras haber conocido una pareja de tunjanos en una festival folclórico en su país.

Ojo de DiosEl ascenso a estos dos lugares, al igual que a Hornoyaco, es bastante empinado, aunque el camino está en mejores condiciones hasta la Ye que los separa. Incluso es posible apreciar un camino indígena bastante elaborado con bloques de piedras muy bien alineadas.

En el desvío 5 de los alemanes, que solo visitarían Fin del Mundo, decidieron unirse a nuestro recorrido y acompañarnos al Ojo de Dios. Este camino es muy agreste, además hay que pasar varias veces la quebrada y pasar terrenos muy escarpados y lisos. Tras casi 40 minutos llegamos a una enorme caverna atravesada en su parte superior por una cascada que luego de mucho golpear la roca se abrió camino en ella, generando una vista única.

DantayacoDescansamos unos 20 minutos y regresamos hacia Fin del Mundo para reunirnos con el resto del grupo. Allí también nos encontraríamos con David para hacer torrentismo en una cascada de 70 metros de altura.

Sobre la 1:00 pm llegamos Dantayaco, que en lengua Inga quiere decir Agua de Dantas y que sirve de entrada a Fin de Mundo, una zona llena de cascadas y pozos de agua dulce donde la gente acostumbra bañarse y saltar desde grandes alturas.

Fin del MundoEl camino literalmente llega a su fin, por eso el apelativo de Fin del Mundo, cuando termina el manto rocoso por el que baja el agua. Allí el vértigo es bastante, uno medio se asoma acostado sobre las rocas para apreciar una caída de 70 metros y a la distancia una panorámica de Mocoa.

Descansamos, tomamos un poco de aire y mucho valor y nos dispusimos a descender por la cascada. Según nos decían los guías, además de ser una experiencia única, es una actividad que pocas personas de la zona que se atreven a realizar.

Fin del MundoEl primero en descender sería David, uno de los guías, quien estaría pendiente de nuestro descenso en la parte inferior de la cascada. Luego sería el turno de Jorge y por último el mío. A diferencia de Támesis, donde también hice torrentismo hace unos meses, aquí el contacto con la roca es muy poco, por lo cual casi siempre se permanece suspendido en el aire, mientras el agua te golpea.

Una vez cumplido nuestro objetivo, regresamos a la posada sobre las 5:00 pm, bastante agotados y listos para retornar a casa. Nuestros compañeros de viaje tomaron nuevamente un bus de Cootransmayo rumbo a Bogotá ($55.000 – USD 28) sobre las 7:30 pm, mientras que yo decidí coger camino directo a Medellín por Bolivariano ($95.000 – USD 48) al día siguiente sobre las 11:30 am.

Luego de casi 20 horas de viaje pasando por Pitalito, Neiva, Ibagué y Honda, llegamos a Medellín llenos de recuerdos, con mucho pantano en nuestra maleta y con la satisfacción de haber conocido un lugar maravilloso de Colombia, al que todos deberían ir algún día y en el que el turismo debería primar por encima de las multinacionales que a diario acaban con nuestros recursos naturales, amparados en el nombramiento de una porción de la Amazonía, como distrito minero. 

Ojalá que paradójicamente en Mocoa no vaya a comenzar el Fin del Mundo, con el fin del Amazonas.

Tenga en cuenta

  • Debe aplicarse la vacuna de la Fiebre Amarilla antes de viajar
  • Manténgase hidratado.
  • Aplíquese repelente.
  • Desde Bogotá son 12 horas en bus.
  • Se puede llegar en avión por Villa Garzón o Puerto Asís.
  • Programa tu viaje con ecoturismoputumayo.com

Noticias relacionadas

¿Aceptas nuestra política de Cookies?

Si, acepto