Colombia necesita tiempos compartidos para crecer en turismo

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Colombia necesita tiempos compartidos para crecer en turismo
Publicado en Julio 05 de 2012

Ejemplos como que el 40 por ciento de la oferta de alojamiento en Cancún lo constituyen los Tiempos Compartidos, evidencian el potencial turístico que tiene esta modalidad de alojamiento para un país como Colombia, donde la penetración en este mercado es de apenas el 15 por ciento.

Un “tiempo compartido” puede definirse como una modalidad de alojamiento en la que el viajero compra el derecho a la estadía en una propiedad durante un tiempo determinado de manera vitalicia.

Aunque se calcula que el retorno de la inversión en este tipo de proyectos es de al menos 25 por ciento, Colombia tiene un desabastecimiento en la oferta pues solo 55 construcciones vacacionales en el país ofrecen esta modalidad.

“Si tenemos en cuenta que 12 millones de personas toman vacaciones, vemos que la penetración es relativamente baja, lo que representa una gran oportunidad en Colombia”, afirma Angel Balanzó, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Propiedad Vacacional (Astiempo).

A lo anterior se suma que Colombia representa apenas el uno por ciento de los dos mil quinientos millones de dólares que factura esta industria en Latinoamérica.

Tipología del viajero

Se calcula que en Colombia los tiempos compartidos tienen cerca de 130 mil usuarios, una cifra que, aunque tímida, crecería a pasos agigantados si se tuviera en cuenta que los nacionales son la segunda minoría más importante para este mercado en Estados Unidos, precedidos únicamente por los brasileros.

“El desafío en Colombia es lograr que las personas que se ven tentadas a adquirir una propiedad vacacional, lo hagan en el país”, asegura Luis Mirabelli, vicepresidente del departamento de desarrollo de negocio para Suramérica de RCI, la red más grande del mundo en intercambio de este tipo de unidades.

En Colombia, RCI calcula que el potencial de negocio está en cerca de 760 mil familias, de estratos cuatro al seis, que invierten un promedio de 7.500 dólares y compran el servicio por motivos aspiracionales (su presupuesto no alcanza para adquirir una propiedad y sostenerla) o racionales (pues prefieren esta modalidad a tener un inmueble que nunca utilizan).